El suicidio emocional de TereSA

Teresa llegó a su oficina como todos los días a las 8:00 h de la mañana. Es la gerente de una multinacional que se dedica a vender sueños, al menos eso dice en su declaración de principios: "nosotros no vendemos tecnología, vendemos sueños".

Teresa es muy joven, apenas tiene 27 años y ha ganado el puesto por méritos propios. Entró en su despacho y encima de su mesa había una nota escrita a mano. No es habitual este tipo de notas en mi mesa, pensó Teresa, así que se sentó y comenzó a leerla.

Era una carta de despedida, su otro YO se había suicidado:

"Querida Teresa, soy tu otro YO, el que te impide tomar decisiones rápidas, al que le gusta bailar tangos y cantar jazz, el que disfruta con los chistes y las historias de la gente, el que está enamorado de tu compañero de trabajo y se imagina cerrando la oficina con él a última hora. Llevo mucho tiempo con sensación de opresión, no me dejas salir, no me dejas vivir, no me dejas darme a los demás. Creo que lo mejor ha sido quitarme la vida para no interferir en tus objetivos, tu concienzuda gestión del cambio y la revisión de tu diccionario de competencias técnicas para aumentar las ventas de sueños. Hasta siempre, tu otro YO". 

Teresa se quedó un rato sin saber qué pensar ni qué decir. Quiso llorar, pero no pudo porque de eso se encargaba su otro YO. Quiso hablar con alguien pero de eso también se encargaba su otro YO. Pensó en irse a bailar tangos esa noche para despejarse un poco, pero de eso también se encargaba su otro YO... Al cabo de un rato pensó que era lo mejor, que ahora podía seguir ejerciendo su puesto de liderazgo libremente y sin barreras emocionales.

Salió del despachó y se encontró con un ambiente de trabajo perfecto: nadie saludaba, nadie hablaba, todos hacían lo que decía, no había conflictos, nadie se entretenía ni un minuto, todo se hacía perfecto. 

Pasaron tres meses y en la cuenta de resultados habían aumentado espectacularmente las ventas de productos tecnológicos, pero sin embargo las ventas de sueños estaban en números rojos: de eso se encargaba su otro YO.

A medio plazo la empresa acabó suicidándose en el mercado porque dejó de ser atractiva para sus clientes internos y externos, rompió su vinculación emocional con ellos, esa de la que se encargaba su otro YO de la cultura corporativa.

Basado en una idea de Mario Benedetti en su cuento: "El suicidio del otro yo".