"Emilio" de Rousseau frente a "Elemento" de Robinson: la empresa responsable que "tira" de la escuela.

Rousseau afirmaba que la sociedad corrompe al hombre, un razonamiento lógico cuando se cree en la bondad natural del ser humano.  Una de sus obras clásicas es su tratado de la educación, más conocido como "Emilio". En dicho libro se propone demostrar y sentar las bases de una educación que potencie la bondad y las cualidades naturales del individuo, sin contaminaciones sociales. Cuatro tendencias de su pensamiento le conducen a la formulación de su teoría pedagógica:

  1. Su creencia en la bondad innata del hombre. Si el hombre es bueno en sus sentimientos elementales, habrá que educarlo según ellos.
  2. Su odio contra la alta sociedad, característico de un burgués venido a menos o marginado. Ello le lleva a proponer una educación alternativa a la cultura y el sistema de valores establecido.
  3. Su amor por la naturaleza, ligado a la mentalidad bucólica del siglo XVIII. Esto le lleva a considerar que el ambiente de la vida silvestre es el más adecuado para formar el espíritu humano, en lugar de pervertirlo en las ciudades donde toda vanidad y falsedad encuentran nido.
  4. El factor individualista. Rousseau es un liberal, y como tal piensa en individuos aislados al más puro estilo de Adam Smith o John Locke. Desde aquí propone la formación de cada persona por separado.
Desde este planteamiento, el libro narra la educación de Emilio al margen de la escuela oficial, tratando en la medida de lo posible no contaminar su desarrollo con ningún tipo de influencia externa. El único principio moral que se le transmite es "no hacer daño a los demás". Es en realidad un planteamiento muy próximo al perfecto salvaje que se educa al margen de la sociedad. De hecho Rousseau está influenciado por Robinsón Crusoe, de Daniel Defoe.

Sir Ken Robinson actualmente afirma que la escuela es heredera de un modelo de organización industrial, es más, se parece a una fábrica de las primeras décadas del pasado siglo, con su sirena, su sistema ordenado de producción (de conocimientos y alumnos/as socializados), su separación de procesos de trabajo (asignaturas), y hasta el diseño del edificio. Al igual que Rousseau, Sir Ken Robinson, también un romántico, está influenciado por cuatro tendencias-creencias:
  1. Su creencia en la bondad y la creatividad innata de los niños/as, que se atrofia cuando entran en la escuela y el sistema educativo.
  2. Su aversión por las estructuras económicas y administrativas dominantes que imponen un modelo de escuela y de sociedad.
  3. Su amor por la naturaleza y la espontaneidad del ser humano, que necesita volver a sus orígenes comunitarios: la escuela debe salir del edificio hacia los espacios naturales y artísticos, donde los niños/as puedan desarrollar libremente sus capacidades.
  4. Individualizar los aprendizajes en base al elemento de cada alumno/a: aquella inteligencia en la que destaca, aquél talento que le motiva y a partir del cual construir todos sus aprendizajes e inteligencias.
Pero lo mismo que el planteamiento de Emilio en Jean-Jacques Rousseau era totalmente idílico y utópico, me pregunto si el planteamiento de El Elemento en Sir Ken Robinson también se va a quedar en una utopía más o va a ser posible hacerlo realidad en esa sociedad (ahora real y también virtual) que corrompe al hombre en tanto en cuanto aprisiona sus inteligencias naturales y sólo posibilita sus inteligencias clásicas (lingüística y matemática). Hay que tener en cuenta, como bien nos dice José Antonio Marina, que "para educar a un niño hace falta toda la tribu", o como dice Edgar Morin "el hombre hace la sociedad que hace al hombre". La clave está entonces en combinar la diversidad de inteligencias y aprendizajes con el desarrollo social y personal en el grupo,  alinear los futuros diseños laborales con un planteamiento educativo multi-inteligente y más innovador-creativo, donde el centro sea la persona y su talento: un itinerario formativo en base a la realización personal por el talento (inteligencia-habilidad dominante-preferida en cada persona).

Ambos planteamientos me parecen preciosos y deseables, pero pecan de grandes dosis de utopía al pensar que desde dentro se va a cambiar lo de fuera. Esta idea está muy extendida en las empresas y organizaciones "el cambio viene de dentro, de abajo a arriba decimos". Pero esa visión del cambio es reducida, porque como nos dice Viktor Frankl en "El Sentido de la Vida", la voluntad de sentido "tira del hombre" no es algo que "le empuja". Por eso pienso que este cambio tiene que liderarlo la empresa, sí la empresa. ¿Por qué? Porque los sistemas educativos se adaptan en función de las exigencias del tipo de persona que se busca en los mercados. 

Si las empresas empiezan a solicitar candidatos/as innovadores, multi-inteligentes, creativos, éticos porque están convencidas de que hay que construir un mundo feliz y justo, los sistemas educativos comenzarán a cambiar el chip. Hay que pensar al revés el proceso: en lugar y sólo de que la escuela siga empujando para tratar de cambiar las cosas, yo propongo que la empresa también vaya tirando de la escuela, pero en la "buena dirección". Eso sí que sería un gran proyecto de Responsabilidad Empresarial!