Las 6 neuronas centinela y la invasión del amor


Aquél gran cerebro galáctico tenía 6 neuronas centinela cuya misión era defenderlo de cualquier distracción y entretenimiento impropios de sus grandes e importantes funciones, de cualquier razonamiento vulgar y de bajo perfil, de cualquier imagen producto de mentes poco brillantes.

Los nombres de estas 6 neuronas y sus funciones eran las siguientes:

La TORERA. Su misión consistía en torear los problemas y distracciones, mandándolos mediante un pase natural y racional directamente al almacén de los objetos perdidos del cerebro (zona ciega o de olvido) o al matadero de las ideas impuras.

La APÁTICA. Su misión era impedir que los estímulos rebasasen el cuerpo calloso y fuesen a parar al hemisferio derecho (el emocional-sensible), con el consiguiente peligro de contaminación de los conocimientos y razonamientos. En la aduana de la frontera entre el hemisferio izquierdo y el derecho los detenían y volvían al orden y la disciplina del hemisferio izquierdo.

La ESPEJO. Su misión era reflejar todo lo que llegaba y pudiese entretener de más el trabajo del hemisferio izquierdo. Lo devolvía etiquetado con un "es tu problema", o "es tu asunto", o bien "estoy en una reunión".

La MAGISTRADA. Su misión era juzgar y censurar todo lo que no confirmaba las ideas y esquemas del hemisferio izquierdo, y en caso extremo enviarlo a la cárcel del aislamiento seguro entre rígidos y férreos pensamientos, en cuadradas y opacas celdas mentales.

La HECHICERA. Su misión era hacer magia, y convertir todo lo doloroso o complicado en algo indoloro y sencillo, para ello tenía la "brocha de maquillar problemas" y la varita mágica de convertir "hechos en habladurías", y cosas similares.

La ECONOMISTA. Su misión era la de valorar la utilidad del estímulo entrante, en el sentido de qué esfuerzo pedía al hemisferio izquierdo (gasto) y qué beneficio iba a reportar al mismo (ingreso). Si el balance era negativo no había negociación posible y derivaba al estímulo inútil e improductivo a cualquiera de las otras cinco neuronas centinela, en función del tipo de estímulo.

Con estas 6 neuronas el cerebro vivía feliz y tranquilo en su zona cómoda, nada ni nadie perturbaba su tranquilidad ni su equilibrio.

Pero un día de repente llegó un dulce, suave y susurrado "te quiero", con aroma de rosas y magnolias, cabalgando entre cosquillas y caricias que venían de las terminaciones nerviosas de la espalda, empujado por un beso con sabor a sal y encendido por una mirada azul de mar sereno y tranquilo. Y comenzaron a sonar todas las alarmas, algo muy raro estaba pasando en ese cerebro, una invasión de estímulos no identificados provinientes de todos los receptores sensoriales a la vez que eclipsó los reflejos de la neurona espejo, le dio a la hechicera una pócima salada que la emborrachó, quitó el juicio a la magistrada y ésta liberó a todos los presos del hemisferio izquierdo, la torera sufrió una cogida espectacular de un animal nunca visto que la hizo dar volteretas de un hemisferio a otro, y rompió la bolsa de activos tóxicos de la economista.

Entonces el cerebro empezó a transformarse, a estirarse, a ser menos cuadrado, se volvió como una pelota de plastilina en las manos de un niño al salir de la escuela del hemisferio izquierdo, esa que te dice que aparques el amor y protejas tu hemisferio laborioso y racional con tus neuronas centinela de las cosas que en realidad te hacen crecer, te hacen creer y crear y te hacen más persona. Y el cerebro creció y creció más deprisa, y de él surgieron las ideas más increíbles y maravillosas jamás vistas, y contagió esta enfermedad a muchos otros cerebros.

Y ahora que ya lo sabes, ¿a qué esperas para despedir a tus neuronas centinela? Es fácil: quiere y déjate querer!